Exhuberancia y sobriedad al mismo tiempo.
La obra de María Santi se muestra seductora e intrigante a la vez.
La artista realiza su trabajo capa sobre capa, su procedimiento pareciera centrarse en la superposición, tanto de imágenes y tramas en un mismo soporte como de diferentes soportes transparentes entre sí. Pero también hay otros puntos que se superponen, como sus ideas e intereses (lo ornamental, lo sensorial), que se ven reflejados en el tipo de factura entre una pieza y la otra. Es por eso que su obra puede apreciarse del mismo modo, revelando diferentes niveles de profundidad a medida que se la contempla. Es que María ofrece un paisaje no sólo a la vista sino a la totalidad de los sentidos. La obra entera se puede recorrer, aún detenido frente a ella el espectador podría sentir como si adentrara casi físicamente en ese paisaje lleno de fantasía y dramatismo.
Así María Santi convoca al espectador, a través de su trabajo (atractivo, provocador, que pareciera hasta poder atraparnos), a soltar la seguridad de los puntos de apoyo de todo aquello que resulta reconocible y cómodo para dejarse llevar por un recorrido (o unos recorridos, ya que son infinitos) guiado más por las sensaciones que por las imágenes que observar.
Florencia Sabá, diciembre de 2010